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Neuropolítica, cuando las campañas intentan leer su mente.


En el 'lobby' de un edificio de oficinas en la Ciudad de México, la gente que corría de un lado a otro, miraron brevemente a la valla digital que respaldaba a un candidato al Congreso. No sabían que, también el letrero los estaba leyendo. Dentro del anuncio, una cámara capturó sus expresiones faciales, leyendo reacciones emocionales como felicidad, sorpresa, ira, disgusto, miedo y tristeza. Con todos las expresiones espontaneas, la campaña podría modificar el mensaje, las imágenes, los sonidos o las palabras, para llegar a una versión que los votantes puedan apreciar mejor.

En todo el mundo, las campañas políticas buscan 'data' y perspectivas de los votantes que los impulsarán a la victoria. Ahora, en un número cada vez mayor de lugares, incluyendo el campo polémico conocido como neuromarketing, o en este caso, neuropolítica. Tecnologías como la codificación facial y la imagen cerebral han sido utilizadas por las compañías con la esperanza de superar los límites del marketing y el desarrollo de productos. Pero su uso por parte de los partidos políticos y los gobiernos es un fenómeno creciente, que evoca escenas futuristas de la película "Minority Report", en la que carteles inquietantemente bien informados escanean los ojos de las personas que pasan por el lado y que los llaman por su nombre.

Los consultores de neuromarketing dicen que están llevando a cabo investigaciones como esta en más de una docena de países, incluidos Argentina, Brasil, Costa Rica, El Salvador, Rusia, España y, en mucha menor medida, Estados Unidos.

- Una firma de neuromarketing dice que ha sido contratado por un comité de campaña presidencial de Hillary Clinton para ayudarlo a mejorar sus objetivos y mensajes.

- John Weaver, que formó parte de varias campañas presidenciales republicanas, incluida la de John McCain, y ahora es el principal estratega de la candidatura presidencial de John Kasich, dijó que había utilizado herramientas neurocientíficas en el pasado.

Los neuroconsultores y algunos de sus patrocinadores políticos argumentan que los beneficios son obvios: los 'focus groups' y las encuestas pueden ser poco confiables porque los votantes a menudo no saben, no pueden articular o son reacios a decir cómo se sienten realmente acerca de un candidato.

Las ondas cerebrales y las expresiones faciales, en cambio, traicionan los sentimientos y las opiniones de los votantes, lo que los hace un mejor predictor del comportamiento en las urnas, argumentan los proponentes.

Los neuroconsultores sostienen que el interés político en su trabajo está creciendo, aunque reconocen que todavía se considera tabú. La práctica ha sido atacada, especialmente por ...